Entrevista a Abdennur Prado

Entrevista a Abdennur Prado, presidente de la Junta Islámica Catalana y redactor de Webislam, sobre la revolución naciente en el mundo árabe. Fuente: Webislam











En Egipto y Túnez ha caído el tirano, pero ¿ha caído la tiranía?



No, en absoluto. Asistimos en este momento a la contra-revolución: a Ben Ali le sucedió Gannuchi y a Mubarak Omar Suleiman, perros del mismo amo. Pero en Túnez y en Egipto siguen las protestas, y ahora ha caído Gannuchi… En este sentido, creo que la insurrección no han hecho más que comenzar. Se trata de un movimiento que aspira a mucho más que a un simple cambio de imagen. De ahí el slogan: al-shaab yurid isqat annizam. El pueblo quiere derrocar el sistema. Los jóvenes y los trabajadores árabes son conscientes de la naturaleza del mal que les oprime… La tiranía no es solo militar, sino también económica, incluso espiritual. La tiranía militar es solo la cobertura de la tiranía más feroz: la del neoliberalismo, los dictados del Fondo Monetario Internacional, la pobreza acuciante, la precariedad y la burocratización creciente de la vida. Y estas son el resultado de la destrucción del ser humano como criatura abierta a Al-lâh y a la Última vida, su reducción a una mera fuerza de trabajo en un engranaje pensado para esclavizarlo. La negación del fin último del ser humano. Ese es el enemigo, tanto en El Cairo como en Barcelona.



¿Cuál es tu valoración de las revueltas?



Los pueblos árabes están dando una lección a todo el mundo. Hay que felicitarse por el modo en el cual se han realizado las protestas, especialmente en Tunez y en Egipto, la no-violencia y el civismo de los manifestantes, su caráceter interreligioso, el coraje de aquellos que se han enfrentado a la policía, los comites populares, incluso su utilización creativa de nuevos mecanismos de movilización… No me extraña que Michael Hardt y Antonio Negri sitúen a los árabes a la vanguardia democratizadora.



Nos hallamos ante el estallido de una nueva generación de musulmanes y de musulmanas, conscientes políticamente, que no se dejan engañar ni por la retórica islamista, ni por las mentiras de los gobiernos occidentales. Solo nos queda desear que esta claridad de ideas se extienda a su propia vivencia del islam, que los conduzca a recuperar los elementos libertarios del islam. Si esto es así, hay motivos para la esperanza.



¿Hacia dónde crees que se dirige la situación, cual es su futuro?



No sabemos lo que va a pasar, el imperio siempre tratará de manipular las revueltas para su beneficio… Tampoco esta claro hasta que punto los insurrectos permanecerán unidos, o cada uno se centrará en sus intereses. La clase media contentándose con reformas políticas, los partidos de izquierda luchando por mantener viva la dimensión social de las revueltas, los islamistas reivindicando lo suyo. Y los imames de al-Azhar ya se han manifestado, pidiendo que se mantengan sus privilegios como funcionarios...



No niego un cierto escepticismo. Aunque la buena noticia es que se puede ser al mismo tiempo trabajador, joven, blogero e islamista. Es en la conexión entre los distintos grupos donde la revolución cobra su fuerza, se hace capaz de neutralizar las fuerzas contra-revolucionarias. Pero este es el reto más difícil, el que exige abandonar puntos de vista previos en pos de un nuevo consenso ciudadano. Ese es el futuro que deben tratar de construir, insha Al-lâh.



La prensa occidental se ha posicionado mayoritariamente a favor de los manifestantes



La prensa mayoritaria de occidente ha tratado de salvar los trastos, como se dice vulgarmente, pasando página rápidamente al hecho de que la mayoría de las dictaduras árabes son aliadas de occidente, incluídas las de Tunez y Egipto, pero también Arabia Saudí, Kuwait, Qatar, Bahrein, Jordania, Marruecos... Y ha tratado de manipular la situación, por lo menos en tres sentidos. Primero: ha tratado de hacer ver que las revueltas han contado con el apoyo occidental desde el principio, lo cual es falso. Segundo: ha tratado de minimizar la presencia del islam. Y, tercero: ha ocultado la implicación de los trabajadores, de los partidos de izquierda y de los sindicatos. No nos han contado como los trabajadores abandonaron las fábricas y llenaron las calles. Es decir: han negado la naturaleza islámica y de clase de la revolución en curso, mostrándolas como revueltas pro-occidentales… Se comprende que prácticamente hayan dejado de informar de la continuación de las protestas tras las caídas de Ben Ali y de Mubarak, como si ese fuese el fin. En este sentido, los mass media han actuado como instrumentos del sistema.



¿Cuál es, según tu perspectiva, la incidencia del islam en las revueltas?



Solo hay que ver los rezos multitudinarios en la plaza de Tahrir para darse cuenta de que el islam es el din de la mayoría de los manifestantes. No hay que olvidar que el rechazo de la opresión y la lucha contra la injusticia social forman parte de las enseñanzas del islam, así como la prohibición de la usura, de los monopolios, de la acumulación de la riqueza… Todo ello repugna profundamente al musulmán, es algo muy presente en el lenguaje de la calle.



Ahora bien, esta incidencia del islam trasciende lo meramente ideológico, no se vehícula necesariamente a través de ningún partido específico, ni a través de ningún líder mesiánico. En este sentido nos damos cuenta de que se ha superado la vieja retórica islamista, que pretendía que la aplicación anacrónica del fiqh tradicional (que ellos llaman, abusivamente, Sharia) traería la solución de todos los problemas. Al mismo tiempo, se pone en evidencia la lejanía de pueblo respecto al discurso conservador y quietista de [la Universidad de] al-Azhar, siempre al servicio del que manda. Nos situamos en una nueva perspectiva, la de un islam liberador, liberado de la tiranía, capaz de devolver al ser humano a su condición de califa de la creación, insha Al-lâh.



¿Cuál crees que puede ser el impacto de las revueltas en occidente?



Hemos visto numerosas reacciones de sorpresa. Muchos han descubierto de repente el dinamismo del pueblo árabe, su capacidad de movilización y la conciencia social y de clase de los trabajadores. En numerosos artículos publicados estos días podemos ver como las insurrecciones árabes han trastocado la perspectiva occidental sobre el islam. Han dado un golpe mortal a la islamofobia. Esta seguirá, por supuesto, pero cada vez será menos creíble. Más bien, la imagen resultante es la de los musulmanes rezando y exigiendo, de forma pacífica, unos derechos que les han sido negados por dictaduras al servicio de occidente.



Algunas voces advierten de que detrás de las revueltas esta la mano alargada del imperio. ¿Qué piensas de esta posibilidad?



Que el imperio conspira todos lo sabemos, eso no es ningún descubrimiento. Ha sido así desde el principio de los tiempos. Pero pretender que los pueblos árabes se rebelan movidos por la mano del imperio es negarles su voz, hablar de ellos como si fueran marionetas, como si no valiesen nada ni tuviesen voluntad. No importa lo que digan, ni lo que expresen, ni cuales son sus objetivos y motivaciones personales... Me parece una actitud racista. Pues eso no se diría sobre los manifestantes en París, ni se ha dicho sobre los de Grecia. Se puede decir de los árabes porque son árabes.



A los que pretenden eso, yo les haría una pregunta: ¿Son los trabajadores yemeníes y egipcios que entran en huelga pidiendo libertad sindical y mejoras salariales agentes del imperialismo? ¿Lo son los manifestantes que en Yemen, en Egipto y en Túnez han enarbolado la imagen del Che? Es indudable que el imperio mueve ficha y existe una contra-revolución en curso. Pero no nos confundamos: los pueblos árabes que se rebelan contra la dictadura no lo hacen al servicio de intereses extranjeros, sino por su dignidad y sus derechos, con la esperanza de poder construir por si mismos su futuro, con la ayuda de Al-lâh.



El caso de Gaddafi es particular, esto choca con su discurso anti-imperialista.



Personalmente, te diré que Gaddafi me ha parecido siempre un tirano, cuya megalomanía lo ha llevado a explorar todo tipo de proyectos, desde el panarabismo hasta el panafricanismo, pasando por la idea de una República Popular nunca realizada. Y así lo he escrito anteriormente, poniéndolo en el mismo saco que a Mubarak y a Mohammed VI. Creo que hace ya muchos años se le fue la cabeza. El ser el “enemigo del Imperio”, los intentos de asesinato, los bombardeos del 86, el ejercicio inmisericorde del poder, el dinero del petróleo, el nepotismo de sus familiares… todo esto puede trastornar a cualquiera. Desde hace diez años su anti-imperialismo ha quedado para la retórica. Su relación con Blair y Berlusconi es conocida, así como el proceso de privatización de los servicios públicos, las inversiones de su familia en multinacionales, el infame tratado firmado con Italia... Hay que saber que Libia es uno de los cómplices de las políticas migratorias de la UE, y ha encarcelado en campos de concentración a miles de inmigrantes repatriados desde Europa. Cuando falta espacio, se los deja en el desierto o, simplemente, se los mata... Pero ya mucho antes, Gaddafi tiene un historial de represión que puede competir con el de sus colegas.



Hay voces que alertan de una posible intervención de la OTAN en Libia, que se podría hacer realidad en breve



Me temo que esta es una posibilidad plausible. Sería un desastre, el peor de los escenarios posibles, el fin a las revueltas árabes y el retorno a la vieja política colonialista. Si la OTAN o los EEUU amenazan con intervenir en Libia, no cabe duda de que es para tratar de controlar una situación que se les escapa. En Tunez y en Egipto lo han logrado dando continuidad al régimen y prometiendo ciertas reformas democráticas. Pero Libia es otra cosa: si cae Gaddafi, no hay continuidad posible, y la rebelión no parece estar por un acuerdo. El hecho de que hayan rechazado la ayuda americana es una prueba de su independencia. Si esto es así, hay que apoyar a los rebeldes, y esperar que sepan repeler dicha agresión externa, insha Al-lâh.



Pero hay que reconocer que no sabemos lo que esta pasando, la información es muy confusa. Por un lado se nos habla de bombardeos con aviones contra los civiles, de fosas comunes, pero aún no hemos visto los cadáveres... Parece que asistimos a una operación propagandística, similar a tantas otras, para justificar una invasión. Tal vez Obama piense que con esto puede ganar votos.



Dejando aparcado el caso libio, ¿qué enseñanza podemos sacar de las rebeliones árabes?



No es tiempo de balance, pero por ahora se me ocurre: el dinamismo y la creatividad de los pueblos árabes, que han pasado de ser los parias de la tierra a situarse en la vanguardia. Los musulmanes han resucitado la lucha de clases, en pleno proceso globalizador. El islam de los clérigos oscurantistas no ha conseguido acallar la fuerza revolucionaria del islam. El poder del pueblo cuando toma conciencia y se mobiliza para acabar con una situación injusta, la capacidad de auto-organizarse al margen del Estado... ¡Lo cual no es poca cosa!



Ciertamente, no sabemos lo que sucederá, y sin duda las insurrecciones se enfrentan a enemigos poderosos. Desde aquí, nuestra tarea es la de apoyar, saludar, acompañar, pero también aprender y pensar modos de aplicar estas y otras enseñanzas en nuestro contexto.

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