reflexiones sobre Irán

¿Por qué Irán?

Para contestar a esa pregunta empezaremos con nuevos interrogantes: ¿Qué sabemos acerca de Irán? ¿Qué información poseemos sobre dicho país? ¿Cómo pensamos que se desarrolla la vida, la economía y la política persa?

Cuando se cruza por nuestra mente aquella lejana nación es inevitable que se nos despliegue la imagen mental de religiosos sectarios que controlan grandes riquezas petrolíferas y que tienen a su pueblo fanatizado y amordazado, en especial a las mujeres. Imagen reforzada a partir de su involuntario ingreso en ese selecto club que los norteamericanos llamaron “el eje del mal”. Por desgracia Irán sigue siendo primera plana de las noticias de todo el mundo por retomar su programa de enriquecimiento de uranio, o lo que es lo mismo, por ser acusada de la construcción de la bomba nuclear, y el peligro que supone ésta para la estabilidad de Oriente Próximo.

Esta es la imagen que creo que tiene el ciudadano medio europeo sobre Irán. A pesar de nuestro interés hacia los países musulmanes, solo manejabamos algunos rudimentos sobre este país, a través de diversas lecturas conseguimos hacernos una idea más aproximada de lo que nos esperaba . Solo con un viaje, a vuelo pájaro, de 22 días hemos detectado, mi compañera y yo, que la información que nos llega de Irán es un montón de tópicos y de falsedades interesadas. Dice el refrán árabe “quien viaja aprende mucho”; cuanta sabiduría encerrada en un axioma tan simple. Nos han bastado unos pocos días de viaje para desmontar el modelo creado por los medios de comunicación.

En nuestros primeros pasos por Irán nos sorprendió lo fácil que era entablar conversación con la gente, tanto hombres como mujeres. Pues sí, el iraní se deja, o mejor dicho provoca el encuentro. Y que mejor forma de conocer un país sino es a través de lo que te cuenten sus propios habitantes. Miel sobre hojuelas, teníamos delante la oportunidad de conocer de primera mano a una cultura milenaria y controvertida como pocas. El iraní es una persona cortés, educada, curiosa, hospitalaria y amante de sus amigos. Pero también destila tristeza, paradójicamente, frialdad, y mucha, mucha seriedad, como afirmaba un joven iraní “el problema de Irán no es la miseria sino la ausencia de alegría”.

El siguiente “reto” era descubrir que había de cierto sobre el fanatismo iraní. Esto si que fue un chasco. La presencia religiosa no es detectable a simple vista, excepto en Qom o a través del omnipresente chador femenino. Podemos confirmar lo que muchos observadores occidentales atestiguan, Irán es un país en vías de laicización, alejándose, cada vez más, del modelo de los países árabes. Sorprende, ¿verdad? Desde luego esta es una afirmación con muchos matices. Incluso para un “basiyi”, voluntario guardián de la moral y adepto al sistema, solo el 20% de la población es totalmente fiel al régimen.

La fuerza del cambio está en la juventud, la mayoría piensa en una evolución o en una renovación drástica del sistema político teocrático iraní. Muchas son las voces en contra de este modelo religioso, en nuestra breve estancia tuvimos la oportunidad de escuchar algunas de ellas. A Ali le conocimos en un frecuentado centro cultural teheraní que disponía de restaurante vegetariano, ¡militante!, y exposición de arte contemporáneo. Era un declarado ateo, seguidor de Kant y del existencialismo sartriano. Pude conversar largo rato, en árabe, lo que respetaba el tono de confidencialidad, sobre filosofía, de su aborrecimiento tanto por el sistema religioso actual, como por el pasado capitalista que encarnó el Sha, y de las dificultades económicas que atravesaban los jóvenes iraníes en la actualidad. Su mirada nerviosa y su temor a quedarse parado más de 30 segundos en el mismo lugar me hizo sentir en mi propia piel el pensamiento clandestino de mi interlocutor. De vez en cuando cortaba la conversación para adular la belleza del alguna mujer que se movía dentro de su campo visual. Además de la filosofía y la política las otras dos grandes pasiones de Ali eran: las mujeres (la mayoría de las veces prostitutas) y el alcohol. La desafección por la religión no suele ser tan común, pero si lo es a la teocracia de los ayatollahs. Así afirmaba un joven de la región del Caspio “lo único bueno que este régimen ha conseguido en veintisiete años es haber extirpado la religión de este país; la ha desarraigado, se acabó, no volverá”

Mustafa era un chico de 24 años, locuaz y extrovertido, familia media religiosa y tradicional, con buen acento inglés, bien adaptado a las nuevas tecnologías y loco por los simuladores de aviones comerciales. Su obsesión era enseñarme los últimos modelos boeing, airbush y su manejo. Entre “vuelo” y “vuelo” me comentó su frustración por tener vedado salir por la noche, “la verdad es que tampoco hay muchos sitios donde ir”, y por no poder emigrar para trabajar, por ejemplo a España, a la que admiraba. Con estos antecedentes entendí fácilmente su adicción a la informática. Es un perfil que se repite habitualmente, algunos analistas dicen que los ordenadores están rebajando las diferencias de clase entre los jóvenes, pues comparten aficiones, conocimientos y anhelos. No siempre es así.

En la ciudad de Shiraz, famosa por su atrevida modernidad, conocimos a unos jóvenes en un recatado disco-pub. Entre risas insultaban al Iman Jomeini. Solo el atrevimiento de Vahid, el más fogoso, que decidió escribir aquellas lindezas en un papel, hizo poner en guardia a los demás cortando de raíz su frenética apología. Hablaban a trompicones acerca de su deseo de emigrar a EE.UU. (desde los ’90 no es fácil conseguir visados para trabajar fuera de Irán), de la maravillosa forma de vida americana, cantaban en inglés canciones pop y ligaban abiertamente con las chicas “insuficientemente” veladas y excesivamente maquilladas del local. Claro está que no es lo habitual, estos nenes y nenas quemaban tomames (moneda iraní) de papa a los cuatro vientos, conducían coches de carreras y su ocupación más gravosa era disuadir a sus progenitores para obtener una buena paga .

Quizá este sea un punto de no retorno, en la transición a un modus vivendi laico, abanderado por los jóvenes iraníes. El debate sobre las reformas religiosas terminó con los reformistas. Muchos jóvenes intelectuales se sienten traicionados por los cambios, truncados, que prometió el anterior presidente. Muchos de estos piensan que las transformaciones llegarán al margen del debate religioso. Utilizábamos la expresión el “anterior presidente”, cuando citábamos a M. Jatami, ya que si conversabas en inglés, español o árabe era difícil que la gente interpretara, al no conocer estas lenguas, que estabas hablando de política, tema tabú en Irán. Contrariamente a lo que se puede deducir de esto, en Irán existe una libertad de prensa tolerada bajo diversas argucias. Un blog de internet, el medio más popular entre los jóvenes opositores, o un periódico, lanzan sus diatribas contra el régimen y son clausurados en el acto, pero en breve tiempo vuelven a la luz con otro nombre y con los mismos principios ideológicos. Esto era imposible en la época de Jomeini, pero tras el mandato de 8 años de Jatami, Irán ya no volverá a ser la misma. Solo se pueden tildar de surrealistas los métodos empleados por el régimen para controlar a la población. ¿Por qué las imágenes femeninas no veladas de nuestro blog, en concreto las fotos de Isa, no se visualizaban en los cybers iraníes? Un ejército de funcionarios examina el contenido de los paquetes de correos, todas las cartas se abren y se confisca material ilegal, como un CD del grupo de rock Maná, o se censura en internet toda imagen de mujer sin velo islámico, esto recuerda al orweliano 1984. Sin embargo se hace la vista gorda con las mini antenas parabólicas que como setas tapizan los tejados iraníes, y con la piratería de software, películas y música que se encuentra con suma facilidad. De esta forma es factible sintonizar pornografía de canales italianos, o música pop persa emitida en Qatar o Los Angeles. En esta ciudad viven 1 millón de iraníes y emiten 6 cadenas de TV en farsi para Irán, con un discurso anti-religioso, promocionando todos los vicios que el régimen persigue con tanto ahínco.

Sí, existe miedo a hablar con los extranjeros, “si nos preguntan di que estamos hablando de turismo” me dijo un joven periodista que nos abordó en mitad de la calle. Sí, hay prohibiciones de mentes enajenadas, como que los músicos que salen en la TV estatal no puedan enseñar sus instrumentos musicales o que a la mujer no se la vea cantar. En consecuencia se suele producir el absurdo de que a los cámaras de TV solo les quede la opción de filmar las caras de los músicos. Sí, esta perseguido el cine iraní que conocemos aquí, colmado de premios y famoso en medio mundo, este no se puede proyectar dentro de Irán, donde solo se concibe para el pueblo un cine puritano y simplista. Y una larga lista de asombrosas prohibiciones... Las paradojas del hosco régimen iraní son múltiples: ¿cómo puede ser que en una teocracia musulmana se este poniendo de moda el budismo y el yoga, yuga para los iraníes? ¿O que todo el mundo escuche pop iraní, como los Black Cats? ¿Y cuando se parodia al clero?: “los mollahs tienen tan poco cuello debido a lo que se comen a nuestras espensas” ¿O Se grabe cine alternativo al dictado por el régimen, escapando con subterfugios al control estatal? Son las contradicciones de una dictadura que languidece desacreditada por una población harta de tanto rigor puritano.

A pesar de estos datos, el régimen iraní, cuenta con una base social de un 20% de la población, además de la población indecisa, que por tradición o consenso apoya el statu quo dominante. Con todo, el clero no puede luchar contra ciertas tradiciones de origen pagano. Dos buenos ejemplos de ortodoxia y heterodoxia lo tenemos en dos celebraciones importantes: la Ashura, que vivimos, y el Now Ruz, a punto de festejarse cuanto escribo estas líneas. El poder no tiene más remedio que tolerar, con desgana, ciertas tradiciones milenarias persas paganas. El año nuevo iraní, el Now Ruz, es el máximo exponente de los vestigios de la religión zoroástrica. Es fácil oír a los iraníes pronunciar el proverbio “pensar bien, hablar bien, hacer el bien”, una referencia más de la Persia preislámica. Los cuatro elementos sagrados de la “Avesta”, libro sagrado persa, se manifiestan en el nuevo año: tierra, agua, aire y fuego. Siete cosas que empiecen por “c” en persa tienen que estar presentes en las casas iraníes para provocar la abundancia del año entrante. El último miércoles del año se prenden siete, otra vez el número sagrado, hogueras que se saltan para ahuyentar las enfermedades y malos augurios. También la noche de “Ialda”, primera noche del invierno, se vive el minuto más largo del año y se comen siete frutos diferentes, después se lee el célebre libro del poeta medieval Haféz, en el que cada página tiene un significado especial para cada persona. Cuando visitamos la tumba de éste famoso poeta en Shiraz, un hombre a la entrada llevaba una cajita colgada al cuello llena de pequeños pliegos de papel, a una señal suya un periquito amaestrado cogía uno con su pico, la inocencia del pájaro escogía versos sobre tu futuro, personalidad, enfermedades, etc. Estas tradiciones están muy arraigadas entre los iraníes. Entonces, ¿cómo en un país tan “intransigente” con la religión ajena pueden convivir estas prácticas idólatras?

Dentro de las manifestaciones religiosas más importantes, en la línea ortodoxa, se encuentra la Ashura. Sospechosamente parecida a la Semana Santa católica celebrada en España. Esto es lo primero que se nos paso por la cabeza cuando presenciamos en Isfahan, Avianeh y Kashan los distintos ritos del duelo o “Ashura” En la pequeña y excepcional aldea de adobe de Avianeh -donde las prácticas endogámicas han facilitado que perdure la lengua persa más pura- los hombres forcejean por llevar el “najel” , el imponente ataúd del Iman Husein. Todo ello nos recordaba a la Virgen del Rocío y la algarabía de fieles que pugnan por acarrearla. El “tasi’a” (en árabe noveno) o penúltimo día de la festividad lo pasamos en Kashan, donde el negro de chadores y camisas preside un frenesí de histeria colectiva pautado por un ritmo frenético de atronadores tambores y trompas, acompañadas de estremecedores cánticos de una muchedumbre encendida y de un coro de gimoteantes plañideras. Filas de flagelantes desgarran sus camisas con cadenas dejando los pechos llagados por los golpes. Se producen empujones y avalanchas al paso del féretro del venerado Iman. Los rostros toscos de jóvenes barbilampiños reflejan las penalidades y miseria de los humildes pobladores del sur de las ciudades persas. Desde la distancia un torrente de mujeres, envueltas en el canónico chador, observan el paso de la lastimera comitiva compuesta exclusivamente por hombres. Son seres de mirada sincera y cristalina, desprovistos de la soberbia de la clase acaudalada. Me dieron todas las facilidades para que, un evidente extranjero, como yo, pudiera filmar y observar, en la mejor posición, el angustioso drama. Gracias al tranquilizante “welcome” pude sacudirme la impresión, y el miedo, de ciertos momentos de confusión. Son días de dolor pero también de fraternidad. Simbólicamente se rememora la batalla de Kerbala, donde murió el Iman Husein, pereciendo de hambre y sed a manos de los omeyas. Los dos últimos días que dura la celebración se regala, por parte de los más pudientes y piadosos, comida y bebida tres veces al día, pero, te la tienes que ganar... A mi me salvó (¿?) la recitación del “salabet” que se responde a coro: “al lahumma sal-le ala muhammad baale muhammad” Ahmad, nuestro conductor, y el que suscribe, estabamos en una enmarañada piña de hombres esperando que se nos proporcionase el sustento de arroz con pollo típico. Cada vez que Ahmad gritaba ¡salabet! todo el mundo con sus semblantes y brazos en alto vociferaba la respuesta antes citada, mientras él aprovechaba y me empujaba; yo, como extranjero, lo tenía más fácil para colarnos. El resultado era un constante avalancha y miradas poco conciliadoras entre los que nos rodeaban, pero otro “salabet” de Ahmad embargaba de nuevo la emoción del respetable y nos permitía avanzar otro poco en la cola.

Irán significa país de los arios. El orgullo del iraní por su pasado es consustancial a su ser. Es curioso como incluso en España la gente distingue entre Persia e Irán. Un amigo cercano me comentaba en tono burlón: pero... ¿qué hay en Irán? Le respondo: para empezar una herencia histórica, ya que Persia... Me interrumpe: ¡ah!... ¿Irán es Persia? A partir de ese momento mi camarada empezó a recrearse, con manifiesto regocijo, en las grandezas del pasado histórico de los persas “qué gran cultura, una de las civilizaciones más importantes de la humanidad”. La ecuación Persia/esplendor, Iran/fanatismo es un hecho recurrente en nuestro imaginario sobre Irán. Cuando conoces a un iraní instruido, es habitual, que se explaye sobre la civilización Iraní y ponga el acento en distinguirla de la árabe. El nacionalismo iraní se alimenta de los logros históricos de su pasado persa frente a una cultura árabe que consideran parásita y atrasada. Ya el gran poeta Ferdowsi, en siglo X, decía de los árabes “comen cocodrilo y reclaman una corona real”. No solo se sienten superiores, sino que muchos dicen que lo mejor de la cultura árabe fue lo que aportaron los persas. Nuestra breve estancia en el país nos dejó muy claros estos sentimientos antiárabes. En una pequeña tetería del Bazar teheraní tuve una acalorada discusión con un impetuoso joven antiárabe. Destestaba a los árabes, no tenían nada que agradecerles -me dijo- fueron unos usurpadores a lo largo de la historia -me puso múltiples ejemplos-. En un tono apasionado le recordé que la lengua persa actual es deudora de un enorme caudal de vocabulario árabe; que, por ejemplo, me permitía a mi entender multitud de carteles o de palabras sueltas en conversaciones; también su escritura, el persa utiliza el alfabeto árabe. Y que los árabes fueron grandes compiladores de otras culturas (griega, hindú, persa, etc.) pero también grandes creadores (astronomía, filosofía, medicina, matemáticas, etc.) y de diversos orígenes, no solo persas. Aunque la opinión de este chico era la habitual, hubo honrosas excepciones, como la del filósofo ateo, antes citado, que era un amante de la cultura árabe y valoraba su aportación. A mi pregunta de por qué este odio, el me respondió con una escueto: ignorancia.

Quizá esto explique que en la calle no se hable, ni se perciba interés, sobre el conflicto de Oriente Próximo. Por todos es sabido que el régimen iraní se gasta grandes sumas en financiar a Hamas y al Hezbollah libanés en su lucha contra Israel. Lo que no sabemos es que el iraní de a pie odia más a los árabes que al estado judío y a EE.UU. Otra sorpresa, otro malentendido o, lo más probable, otra trasgiversación de los medios de comunicación que solo reflejan el discurso oficial, baste recordar las furibundas palabras antisionistas de Ahmideneyad en su toma de posesión como presidente de la República Islámica. Recuerdo como Ahmed me comentaba con pesadumbre y rabia como el estado pagaba pensiones desorbitadas, ¡hasta 10.000 dolares mensuales!, a las familias de los mártires de Hezbollah, quizá sea una exageración, quizá no.

La decepción por la llegada de un casi desconocido Ahmadineyad al poder era patente en la mayoría de los jóvenes. Me comentaba Fátima, “las elecciones se amañaron para que perdiera Rafsanyani, a todo el que preguntabas te decía que había votado a Rafsanyani”. Claro que en Irán todos conocen el duelo político que mantienen los dos pesos pesados del régimen, Ali Jamenei, el guía espiritual, y el acaudalado y pragmático Hachemi Rafsanyani. Algunos observadores afirman que esta victoria del ala más radical de los conservadores es un voto de castigo a los deshonestos e impopulares mullahs. Ahmadineyad prometió trasparencia y lucha contra la corrupción predicando con el ejemplo de su vida espartana. Le mostró al país su austeridad a través de un video grabado en su humilde domicilio, el impacto mediático hizo decantarse a millones de indecisos. Esta división interna entre el clero produce una enorme frustación entre la población que incluso habla del riesgo de una guerra civil. En nuestra visita a la mítica Isfahan, tuvimos la oportunidad de hablar con unos jóvenes periodistas que nos asustaron por momentos. Nos contaron el rumor de la muerte de Jamenei, afectado de cancer, la cual no había sido anunciada porque los dirigentes del régimen estaban esperando a que terminara la fiesta de la Ashura. Su muerte hubiera supuesto diez días de luto, la ocasión de los opositores para hacerse con el poder y las puertas abiertas a una guerra civil. Evidentemente uno de los actores interesado en estos cambios son los EE.UU. Es asombrosa la popularidad de los norteamericanos en el país que les apodó “el Gran Satán” Ya que para muchos, especialmente entre los jóvenes, la intervención armada en Irán de los Estados Unidos es el único camino seguro de acabar con el régimen islámico. También es cierto que comentaban su frustración ante los resultados de la vecina Irak, pero no deja de asombrar esta alternativa.

Conocimos a dos ingenieros españoles que trabajaban en una pequeña ciudad del sur, uno de ellos, Luis, se quejaba de las enormes dificultades que suponía, para una compañía extranjera, desarrollar un proyecto empresarial en Irán. Tenían que estar saliendo del país todos los meses para obtener una visa de turista, no les concedían un visado de trabajo, a pesar de llevar ¡seis años! trabajando en Irán. Para ellos era necesario flexibilizar la economía, suavizar las trabas administrativas y, en definitiva, permitir la libre inversión extranjera en un país dominado por el sector público. Luis, el más locuaz de los dos españoles, se asombraba de la riqueza y posibilidades del país nos dio una cifras económicas de vértigo. Estamos ante un fabuloso mercado emergente. Niña mimada de la UE, que es la que más exporta al país. Pero con una doctrina rentista, o lo que es lo mismo, el 80% de su PIB proviene de la venta de petróleo y gas, también es famoso, aunque de menor valor económico, por exportar caviar y pistachos. Irán tiene 70 millones de habitantes, Ahmadineyad anunció la posibilidad de doblar en pocos años la población, algunas mujeres nos comentaron su asombro ante una idea tan absurda. El país se alimenta de los hidrocarburos, estamos hablando del tercer productor de petróleo del mundo, el segundo de gas, y con grandes yacimientos de diversos minerales aun sin explotar. Lo paradójico es que tengan que importar gasolina, por falta de refinerías. El Estado subvenciona los carburantes, en la calle se compra el litro de gasolina a unos 10 céntimos de euro, el resto hasta 20, que es el coste real, lo pone el estado. Irán tiene el 8º PIB del mundo, sin embargo el sueldo medio es de 200 euros mensuales, para la mayoría de las familias es necesario tener varios trabajos para llegar a los 600 euros de la comodidad. Lo que no es fácil de explicar es como un utilitario cuesta 12.000 euros. Abundaban los coches nuevos, la gran mayoría Peugeot, carrocerías de la marca francesa y motores nacionales nos comentaba Luis.

Esta exuberante economía beneficia a unos pocos que, por ejemplo, se pueden permitir pagar hasta 6.000 euros/metro cuadrado en un piso del privilegiado norte de Teherán donde el aire es más limpio. Solo unos pocos pueden escapar de la brutal contaminación de la capital. Ciudad gris, de un tráfico infernal, con pocos atractivos a no ser las descomunales montañas del Alborz de más de 4.000 metros. En sus estribaciones crecen multitud de chiringuitos que dan cobijo los fines de semana a los que huyen del caos y polución urbana. También hay numerosos parques habilitados por el ayuntamiento que sirven para los improvisados picnics que tanto gustan a los teheranís. El ocio y el consumo dominan la ciudad. Un enjambre de establecimientos de comida rápida hacen las delicias de los jóvenes de la capital. Centros comerciales, abastecidos de aparatos japoneses, ropa de marca, comida envasada, son frecuentados a diario por las clases pudientes. Pero lo más “chick”, para los que se lo pueden permitir, es compran un apartamento en la región del Caspio, donde múltiples urbanizaciones privadas tapizan sus orillas. Otro tipo de consumo se da en el citado Avianeh, pueblo de las montañas, muy conservador, singular por sus tradiciones y arquitectura. Enteramente restaurado, es visitado por miles de teheranís durante la Ashura, turistas de buena familia haciendo gala de un look extravagante, individuos ávidos de suvenirs tras sus cámaras fotográficas digitales de última generación. Tuvimos serios problemas para acceder a este pueblo. Después de acreditarnos como investigadores españoles conseguimos franquear tres controles en 20 kilómetros. Nos dijeron que el día anterior hubo una invasión de niños de papa teheranís con ropa y actitud poco respetuosa. Ciertamente pudimos ver algunas chicas, ataviadas con la ropa festiva de la aldea, luciendo sus rinoplastias, cejas marcadas con laser, labios ensiliconados, capas de maquillaje, enormes gafas de sol de moda, zapatos de tacón, etc. Al alcalde de la pequeña población no le quedó más remedio que solicitar protección militar para que solo pudieran acceder a la celebración los residentes y familiares. Para mí fue un buen ejemplo de cómo, desde la ciudad, se esta reinventando la tradición como símbolo y orgullo nacional, lo mismo ocurre en todos los países desarrollados económicamente.

Sin duda una de las imágenes más impactante de Irán es la de la mujer cubierta por el chador. Este es para occidente el estigma de la opresión femenina. Una opinión cualificada sobre la situación de la mujer iraní la encontramos en Shirin Ebadi, premio nobel de la paz y abanderada de la lucha por los derechos humanos de Irán. Dice que los problemas de las mujeres en su país, y en los vecinos árabes, no vienen de la religión sino de la sociedad patriarcal dominante. Por tanto, una vez más, tenemos una visión simplista y estereotipada de una cuestión bastante compleja. A diferencia de los países árabes, la mujer iraní, especialmente en las ciudades, es una atrevida conversadora, ellas mismas nos dijeron lo que pensaban sobre su situación. La visión cambiaba dependiendo del estatus social y la educación recibida. La mayoría pensaban que tenían que ser dueñas de su destino: acceso al trabajo, libertad de llevar el hiyab/chador, igualdad jurídica con los hombres, en una palabra: independencia. Eso si, dentro de la ley islámica que ha sido manipulada por intereses de género. En consecuencia, en la línea de lo dicho más arriba por Shirim Ebadi, piensan que el Islam no es la causa de su sometimiento, sino el machismo que ejercen los hombres sobre las mujeres, como botón de muestra el de nuestro amigo el filósofo que nos decía que la mujer tiene una capacidad intelectual limitada.

El acceso a la educación y el trabajo supone un paso adelante en la liberación de la mujer. Ellas tienen la sensación de que no hay vuelta atrás. Después de Jatamí la mujer va la universidad, controla su embarazo y la media de matrimonio es de 25 años lo que le da margen para formarse y tomar decisiones en una etapa madura. El actual presidente no ha modificado nada de esto, aunque tampoco ayuda a que continue este proceso. Dio señales de regresión cuando proclamó la vuelta a la vestimenta islámica más rigurosa, nos comentaba una teheraní que la obligaron a ponerse el chador para entrar en el aeropuerto cuando había bastado con el hiyab en los últimos años. Los guardianas de la moral, basiyis, vigilan que la longitud de los vestidos de las mujeres sean correctos, que las mujeres no se alojen solas en hoteles o vayan a reuniones privadas con hombres que no sean su marido o familia. A veces son mujeres, más ortodoxas, las que recriminan a otras por llevar excesivo maquillaje o no llevar correctamente el hiyab. Fatima nos hablaba de la dificultad de vivir sola sin estar casada, sin embargo ella tenía claro que la soltería le daba autonomía, como desempeñar un trabajo en el cual tiene que tratar con hombres y viajar sola, que ni el marido más comprensivo aceptaría. Se quejaba, al igual que el resto de jóvenes, de los abusivos precios de la vivienda, que confinan a muchos a vivir con sus padres, ¿les suena? Todavía, la mujer, en el ámbito público tiene multitud de limitaciones, pero cada vez son menos de las que tienen las mujeres árabes. Todavía en Irán no esta permitido que la mujer viaje sola al extranjero a no ser que tenga más de 30 años. Las relaciones sexuales fuera del matrimonio son perseguidas y castigadas con dureza, incluso la lapidación. A muchas parejas, que son rechazadas por sus familias, no les queda más remedio que escapar y permanecer escondidas para continuar su relación. En otras ocasiones, la mujer tiene la opción de la reconstrucción del himen, ya que de otra manera no sería aceptada para contraer matrimonio. A pesar de todo nos comentaba una joven que los cambios son imparables y que la mujer no va a permitir una vuelta atrás como preconizaba Ahmadineyad. Ello es patente paseando por las calles de Shiraz o Teherán, donde la mujer empieza a desarrollar un estilo de vida propio retando a la ortodoxia con sus insinuantes chales, su ropa ajustada, exuberante maquillaje, narices de diseño, conduciendo sus propios coches, haciendo vida nocturna en grupos de amigos, ejercitándose en diversos deportes, acudiendo a conciertos, ocupando todo tipo de trabajos, organizándose para proteger sus derechos, etc. Todas estas actividades hubieran sido impensables, tan solo, diez años atrás.

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LE BASI "Un cómico frente al Islam"

Por qué no voy a reírme de Mahoma... Todavía. Una respuesta completa sobre un tema esencial.

No pasa semana sin que algún periodista me interrogue con tono acusador: “Usted se burla del cristianismo pero, ¿por qué no se atreve a hacer lo mismo con el Islam?” (...) Nadie, por ejemplo, me ha preguntado por qué no me burlo del budismo, el hinduismo, el confucianismo y otros tantos sistemas religiosos. “Lógico —pensarán ustedes— estas religiones no son tan agresivas y fanáticas. El problema es la violencia del fundamentalismo islámico.” Sinceramente, no creo que sea mucho más fácil montar un show contra Shiva en Varanasi que contra Mahoma en Teherán. Pero volveremos a esto punto más adelante.
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